Tener una relación empatica con tus hijos evitará
que tengas las necesidad de levantarles la mano, un recurso que no
funciona en la adolescencia. En su entrevista con la Agencias de Noticias EFE, la psicóloga Montserrat
Doménech nos explica por qué.
EFE. REPORTAJES. Como un globo que se va hinchando y va a
estallar, muchos padres desesperan ante sus hijos y recurren aún al castigo
físico. El ‘pescozón’ es contraproducente; hay opciones más eficaces.
Durante la infancia, los pequeños suelen aceptar todo lo que le manifiestan
sus padres y reconocen su autoridad, pero en la adolescencia surge su actitud
crítica y rebelde. Llega, para sus mayores, el momento de marcarles hasta dónde
pueden llegar.
Y también llega para los padres la tentación de darles un ‘manotazo’ a sus
hijos cuando no consiguen marcarles los límites que les quieren inculcar y se
sienten incapaces de controlarlos. Pero el castigo físico no parece ser la
mejor solución.
“La pubertad, esa temida etapa en que se produce el paso de la infancia a la
adolescencia en los hijos, suele encontrar desprevenidos a los padres y los
hace sentir fuera de lugar”, asegura la pedagoga y psicóloga Montserrat
Doménech, experta en las complejas y problemáticas relaciones de jóvenes y
mayores en el seno de las familias.
Según la autora del libro “Padres y adolescentes ¡cuántas dudas!”, las
soluciones que eran eficaces para resolver los conflictos con un niño de
repente se muestran inútiles para lidiar con un joven.
La adolescencia: ¿es tan difícil como la pintan?
A menudo, la adolescencia está excesivamente mitificada por muchos padres,
que creen que es mucho más difícil de lo que en realidad es. Olvidan que puede ser
una etapa enriquecedora para ellos mismos, porque está repleta no sólo de
conflictos, como temen, sino también de retos personales y descubrimientos a
veces divertidos.
“Si se toma como un proceso creativo, en el que el aprendizaje de ambas
generaciones es recíproco, la pubertad puede ser una gran escuela para todos”,
asegura Montserrat Doménech.
Según la experta, hay algo que todos
los padres deberían tener muy claro: la diferencia generacional debe existir.
“Es muy positivo educar con empatía y conocer los gustos y tendencias de los
jóvenes, pero los roles han de mantenerse claramente separados”.
Ante la crisis: dale un tiempo fuera
Pero ¿cómo deben los padres tratar a un hijo que parece totalmente fuera de
control cuando ellos mismos están al borde de un ataque de nervios por esa rebeldía
adolescente y la única y expeditiva solución parece ser levantarle la mano y
darle un cachetazo para que acabe de comportarse mal?
Según Doménech, “cuando la rebelión sobrepasa la barrera de lo permisible, y
–por ejemplo– deriva en insultos, humillaciones o en una rabieta que parece no
tener fin, hasta el educador más progresista se ve tentado a recurrir al viejo
método: la bofetada”.
Según la experta “este tipo de reacción hay que evitarla a toda costa,
porque puede minar la relación entre hijos y padres. La bofetada no tiene
ningún valor educativo, y en lugar de ayudar a resolver los conflictos, sólo
sirve para que el adulto se desfogue. Dado que es un signo de impotencia,
debilita la autoridad moral de los padres y la seguridad que los hijos buscan
en ellos”.
“Cuando los nervios están a flor de piel es muy difícil llegar a un acuerdo
y entonces es preferible pedir un tiempo muerto. Es mejor dejar el conflicto
por un tiempo porque es inútil abordarlo ahora y no hay que tomar ninguna
determinación que pueda resultar contraproducente”, señala.