Muchos padres y madres y, hasta maestros y maestras,
nos inquietamos de más cuando vemos un niño con un ritmo de aprendizaje
más lento que los otros. Y la verdad es que cualquiera se preocupa,
especialmente si es “nuestro” hijo.
Dice mi madre
que ni los dedos de la mano son parejos, viejita sabía esta, pues esto
se aplica muy bien al aprendizaje de niños y niñas. Unos van a una
velocidad y otros van a otra. Algunos parecen volar y otros parecen ir
sobre una tortuga.
Lo primero que debemos
recomendar a los padres y madres es: “que no cunda el pánico”, ya que
podríamos hacer más daño que bien al niño o a la niña. Mantener la
calma será un poco difícil si “es nuestro niño”; sin embargo y aunque
parezca contradictorio, entonces es cuando mantener la calma es
obligatorio para poder observar con cierta objetividad.
Hemos
visto niños y niñas quienes en sus primeros años de escolaridad
presentan una lentitud que mueve a preocupación; no obstante, con un
seguimiento constante y un trabajo en equipo, coordinado por un buen
orientador, en poco tiempo se logra llevar al niño a desarrollar un
ritmo de aprendizaje normal.
En cierta ocasión en
que en el centro educativo que laborábamos, teníamos un niño que no
sólo tenía problemas de lentitud en su aprendizaje, sino que presentaba
una conducta distorsionada, agresiva contra los demás y contra sí
mismo. La madre era llamada por la maestra constantemente para
comentarle la conducta del niño y la lentitud en su aprendizaje.
Cuando
ya la madre, la orientadora y la maestra parecían darse por vencidas,
nos pidieron una sugerencia y entonces decidimos revisar la “lentitud”
de Israel. Decidimos darnos un tiempo para observar sin hacer nada,
sólo observar y descubrimos muchas cosas sobre el niño que no sabíamos.
Luego, hicimos un plan para llevarlo al ritmo que, según su nivel de
inteligencia sabíamos que podía alcanzar. Y comenzamos a trabajar,
partiendo de la premisa de que el aprendizaje, como todo en la vida, se
puede acelerar.
La madre, con quien trabajamos
primero, aplicó los consejos y sugerencias que cada día le daba la
maestra. Hoy, el niño es un estudiante excelente, ha recibido
reconocimientos y es un inquilino permanente en el cuadro de honor del
colegio. Lamentablemente, no todas las historias tienen un final tan
feliz como esta, sin embargo, con las siguientes recomendaciones
creemos que muchas lo tendrán.
- 1ro- Observe a su niño o niña. Fíjese si hay algo que lo/la
distrae. Si usted piensa que hay algo que le afecta, intente
descubrirlo.
- 2do_ No salte a conclusiones a la ligera. Analice, sin desesperarse. Trate de mantener la calma.
- 3ro- Nunca, nunca, nunca compare al niño o a la niña. Él o ella
es único/a. usted debe cuidar su autoestima y, créame cuando le digo
que una de las cosas que más daña la autoestima de un niño, son las
odiosas comparaciones. Cada niño/a tiene su propio ritmo. Si usted
quiere acelerar ese ritmo, deberá seguir un proceso. Y siempre deberá
contar con la ayuda de un/a especialista.
- 4to. Dele tiempo y espacio. Suéltelo/a. Desde luego, usted estará
observando desde lejos, sin que él/ella lo note. Si después de
observarlo/a, el especialista le confirma que el niño o la niña es
lento/a, siga las instrucciones del / la profesional.
- 5to- Actúe con naturalidad, como si no hubiese problema alguno.
Es difícil, ¿verdad? Se trata de nuestro/a hijo/a, entonces con más
razón, para que no nos haga más daño la medicina que la enfermedad.
- 6to- Busque progresos lentos. Esto es clave, pues muchas veces
queremos que las soluciones sean rápidas y, lamentablemente, casi
siempre las soluciones efectivas a los problemas van a tomar tiempo.
- Si cree que su niño o niña es lento o lenta, no se angustie.
Converse con su maestra, con la orientadora, ellas sabrán qué hacer.
Siga sus instrucciones.
- Y por último, jamás culpe al niño o a la niña de su lentitud. Si usted nota que es por pereza, motívele a estudiar.
Recuerde, él o ella tiene su propio ritmo, que usted
deberá respetar y comprender. Una maestra experimentada, y su objetiva
observación, podrán determinar las causas de la lentitud del niño o la
niña.