La buena alimentación:una tarea de toda la familia
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Desde que le das el pecho por primera vez, tu hijo iniciará una larga senda de la que no se apartará fácilmente.  Aunque parece clara la conexión, del tema de la comida nos preocupamos cuando recibimos respuestas negativas a las ofertas culinarias, sin pensar que los hábitos alimenticios saludables empiezan a crearse en el vientre,  en la relación que papá y mamá tienen con la comida. 

Es ESENCIAL que los adultos de la familia aprendan a comer bien, que adopten las más sanas costumbres alimenticias para que el niño las reciba como algo natural, como un legado de vida.  Así como le enseñas a bañarse,  a leer, a montar bicicleta, la buena alimentación es una asignatura que se imparte en el hogar y el ejemplo empieza por el maestr@.

Costumbres alimenticias que no deben faltar en casa

Un buen desayuno para recibir el día: Dale la bienvenida al sol con frutas, cereales, jugo y/o leche.  Para sumar las proteínas, agrega jamón, queso o huevo.  Recuerda que la merienda no es un sustituto del desayuno, levanta a tus chicos temprano y compartan en la mesa esta sana costumbre.

Dulces, bebidas carbonatadas, comida chatarra y chucherías fuera de la despensa: No hay nada de malo con ingerir estas “comidas” esporádicamente, lo que debes evitar es que estos productos sean de consumo cotidiano, que estén a la mano de los chicos.  No permitas que asocien la alegría de las fiestas y lo encuentros familiares con este tipo de alimento, en este escenario es muy complicado explicarle porque son tan dañinos.

Combina y equilibra: cada plato debe tener vitaminas, minerales, carbohidratos, proteínas y grasas,  en la cantidad recomendada por los nutricionistas de acuerdo al sexo, edad,  peso y condición de salud de tu peque.  Las frutas, ensaladas y jugos naturales no deben faltar  en tu mesa.  Bájale la velocidad a las grasas y la sal.  Descarta los aderezos, saborizantes, colorantes y salas artificiales.   

Por último, sirve armonía y alegría en tu mesa: Deben ser los platos de entrada.  Si aprovechas el tiempo de las comidas para compartir, conversar, reír y reafirmar los afectos, aunque no estén juntos en la mesa, para tu hijo el espacio de la comida será sagrado.

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