El matrimonio de Dania y Eliseo no daba para más. Ambos acordaron, no de muy buena gana, que el
divorcio era la solución menos dolorosa para poner fin a las interminables
peleas. Lejos de disminuir, los encontronazos se triplicaron. Habían cambiado su estatus legal buscando la
tranquilidad, pero aún separados no
lograban sostener una conversación amable por más de cinco minutos.
Dejar de hablarse y evitar todo tipo de contacto por un
tiempo era la recomendación de los amigos cercanos, sin embargo, Dania y
Eliseo, tienen en su pequeña Sara Marie un lazo que les atará por siempre,
necesitaban establecer un tipo de relación que les permitiera seguir siendo buenos
padres, aunque no hayan funcionado como pareja.
En medio de la crisis, la psicóloga del colegio de Marie les mandó a llamar
preocupada por el cambio de comportamiento de la niña. En la reunión sugirió a la pareja visitar a un
terapeuta familia. Algo disgustados por
la intromisión de la orientadora, decidieron ir a la cita.
Sin bien no pudieron reestablecer su vínculo matrimonial,
un año después, hablan maravillas de la terapia que les sirvió para perdonarse,
seguir adelante con sus vidas, esta vez como padres y amigos.
“Nos dimos un proceso con una psicóloga. Al principio fue muy duro porque había mucho
dolor de por medio. Me costaba hablar sin empezar a llorar. Poco a poco la terapeuta nos ayudó a entender
que, por el bien nuestro y el de la niña, debíamos pasar la página de la
separación, aprender de los errores y
respetarnos. No te digo que ahora
somos los mejores amigos, pero estoy conciente que debo un darle un trato
especial al padre de mi hija” comenta en una reunión de padres del Colegio de
Marie, una entusiasta Dania.
En el mismo encuentro Eliseo hablo de esta experiencia
transformadora: “Tienes que darte un tiempo para aceptar que haz perdido una
buena relación y buscar ayudar para
curar las heridas. Todo pasa y es
posible que puedas volver amar a esa persona que te divorciaste, no un amor
romántico, un amor de familia. Es lo que
siento por mi ex pareja. Esto nos ha
ayudado a ser mejores padres y hacer que nuestra hija se sienta segura del amor
que le tenemos. Ella ha empezado a
entender que ahora somos un familia diferente, pero seguimos siendo una
familia”.