Los cambios siempre han sido una constante de la vida. Lo que está
pasando ahora es que los cambios son cada vez más frecuentes. Nuevo
jefe, nuevo trabajo, nuevo integrante del equipo o de la familia, nuevo
sistema, nueva casa, nuevo país...
Hay cambios que son impuestos; a esos nos resistimos por
naturaleza. El problema nace en que nos están sacando de nuestro estado
de equilibrio. Todo estaba ajustado, quizá no estaba bien, pero ya lo
conocíamos. Hasta hay un dicho: “más vale malo conocido, que bueno por
conocer”. Nuestro jefe o empleador, nuestro sistema de cómputos,
precios de las compras, impuestos, etc.
Otros cambios los tenemos que decidir nosotros: Nos casamos,
buscamos un cambio de empleo, nos mudamos de casa o de país... Estos
cambios son una decisión propia y, en la mayoría de los casos, decidimos
no hacerlos: ¿Por qué? ¿Presuntamente nos traerán beneficios a nuestra
vida?
Antes de tomar la decisión, probablemente le preguntemos a otros
por su opinión. Algunos nos motivarán a hacerlo. Otros serán un freno
en cualquier cambio que decidamos emprender. Esos que resultan
opositores, por lo regular no hacen cambios en sus vidas... Yo no los
recomendaría como ayuda, sus respuestas son emocionales y no racionales.
Cuando hay un cambio, algunas de las necesidades que tenemos
cubiertas pueden verse amenazadas. Maslow estudió las necesidades y nos
entregó su famosa pirámide. Él las dividió por prioridades. Las
primeras son las fisiológicas, luego las de seguridad, le siguen las de
afiliación, reconocimiento y por último las de autorrealización. Él nos
dice que para uno pensar en subir un escalón, debe tener el anterior
bastante cubierto.
¿Qué pasa con los cambios? Nuestras necesidades cubiertas sienten
que pueden sufrir un revés. Entonces nos ponen en atención para que no
las descuidemos. Por ejemplo:
-
Una mudanza de país puede significar una pérdida de
todas nuestras necesidades de afiliación cubiertas. Solución: Rehacer
nuestro círculo social. Por ejemplo, abrirnos a conseguir nuevas
amistades y ser activos para lograrlo.
-
Un nuevo dueño de la empresa, o nuevo jefe: Nos pone a
temer por nuestra seguridad. Podemos perder el empleo. La solución no
es oponerse a lo nuevo, sino todo lo contrario, hay que caminar con lo
nuevo. Si nos oponemos, estamos provocando lo que queremos evitar.
Cada vez que un cambio, ya sea obligatorio o voluntario, llega a
nuestras vidas, diría que debemos tomar la pirámide de Maslow para
analizar a qué le tenemos miedo. Una vez determinada la necesidad que
nos puso en alerta, debemos ver si la podemos cubrir con el cambio o
complementándola con alguna otra acción. Si lo que perderíamos es mayor
que lo que ganaríamos, diría que el cambio es demasiado riesgoso. Si
lo que ganamos es más... entonces no lo pensaría una vez más.
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista
www.diegososainfo.com