El tiempo puede ser algo relativo. Los griegos le tienen dos nombres, uno es el cronos, que es el tiempo real y otro es el kairos, que es el tiempo atemporal.
Cuando los niños
suben a un vehículo imaginan el momento que comenzarán a disfrutar el final del
trayecto, o sea, el inicio de su objetivo. Puede ser unas vacaciones o
simplemente una visita a la abuela. El tiempo en su cabeza es corto,
pronto comenzarán a preguntar por el momento de la llegada. En la parte
trasera, sin percepción del tiempo–kairos, el camino se hace muy largo.
Desde que mis
hijos eran pequeños traté que su tiempo en los viajes se hiciera corto.
Por un lado, tenía la pregunta que enerva: “Papi, ¿Cuánto falta para
llegar? Por otro lado, aprovecharía ese tiempo maravilloso para pasarles
algo de utilidad a su vida y compartir con ellos. En el día a día el
tiempo no da para pasar horas con nuestros hijos; en los viajes sí las tenía...
decidí aprovecharlas.
Inventé juegos
educativos. Motivé a la creatividad y los puse a prueba. Preguntas
de matemáticas, geografía, historia, curiosidades... todo lo que pudiera
ayudarlos a desarrollar su mente y despertar el gusanito del aprendizaje sin
obligación.
Compraba audio
libros y los escuchábamos, no me importaba que fueran infantiles, algo podía yo
aprender, aunque fuese simplemente saber lo que le interesaba a los niños o lo
que les causaba risa o asombro. Analizábamos lo que pasaba y les hacía
preguntas para mejorar su escucha y comprensión.
Ahora escuchamos
libros ya de adultos, novelas o libros de temas de interés común. Las
conversaciones que se generan son un reflejo de lo que trabajamos durante
años. Las carreteras se hacen agradables y no existe desesperación por
llegar, simplemente, el objetivo no es la llegada, sino todo el viaje.
Esperamos con ansias el trecho de regreso para terminar el libro o iniciar el
siguiente.
Mi padre tiene
un nuevo juego... Ha elaborado un catálogo de preguntas, y lo alimenta
día a día. Nos sentamos los familiares y amigos y él hace las preguntas a
un grupo y a otro, los equipos luchan por ganar, pero el espíritu es el
aprendizaje.
Los más chicos
demuestran sus habilidades, los mayores recordamos o aprendemos de la astucia
de los pequeños y de las preguntas que no sabíamos; mientras mi padre
cada día anexa conocimiento a su ser.
Los humanos
modernos nos pasamos semanalmente horas en el vehículo, que al mes se pueden convertir
en días. Muchas veces en ese tiempo no hemos hecho nada que nos ayude a
crecer, simplemente maldecimos el tránsito y nos dedicamos a perder el
tiempo.
Mi amigo
Radhamés me dijo hace unos meses que el truco del aprendizaje continuo reside
en leer cuando uno está sentado, pero cuando está moviéndose hay que
escuchar. Las ofertas para desarrollar el intelecto están en nuestro día
a día. Es cuestión de buscarlas y aprovecharlas. No es cierto que
la radio sea inculta y no tenemos oportunidades. Es necesario hacer esos
caminos cortos aprovechándolos para ser mejores cada día.
Hoy existen
millones de audio libros, podcast de los mejores autores y capacitadores,
programas de radio y televisión que educan y desarrollan el intelecto.
Los teléfonos inteligentes dan la oportunidad de bajar esos audios y
escucharlos en el momento que estaríamos perdiendo el tiempo. Podemos
aprovechar el tiempo, en vez de pensar que lo estamos perdiendo, o de
convertirnos en suicidas al “matar el tiempo”.