Cuando estamos esperando la llegada de un nuevo miembro de la familia solemos pasar horas enteras reflexionando sobre qué nombre que le
pondremos a nuestros hijos, y no es para menos nuestra preocupación, ese nombre
lo llevará el resto de su vida y lo identificará para siempre.
Nuestros propios padres generalmente reciclaban los nombres
de sus antepasados, utilizándolos repetidamente, y no salían de ahí por respeto
o costumbre. Sin embargo los padres de la nueva generación elegimos los nombres
porque nos recuerdan a alguien que ha dejado una señal en nuestras vidas, que
nos caía bien, o porque al conocer lo que significan no complace saber que le
estamos poniendo un nombre importante que reflejará el carácter de ese bebé
cuando crezca.
Al realizar una mini encuesta con los miembros de mi club de
lectura, mis amigas y otras madres contemporáneas descubrí que a la hora de
elegir el nombre de tu pequeño debes tomar en cuenta:
Los apellidos, si la combinación de estos es muy largo o
pesado, debes elegir un nombre ligero, corto y que suene bien juntos. Si el
apellido suena extraño, pensemos en ponerle un nombre que no sea tampoco extraño,
desconocido o provoque las burlas y risas de los demás niños.
Es siempre preferible poner un nombre fácil de escribir,
pronunciar y recordar: ni ridículo, ni raro. No dejarse llevar por las modas
del momento, por ejemplo, nombres sacados de las telenovelas, de deportistas
del momento etc.; es importante recordar que las modas pasan pero el nombre se
queda.