Nuestro hijo pega a sus compañeros de clase, patalea cuando no obtiene lo que quiere y tiene reacciones violentas. Es un niño agresivo y no
sabemos qué hacer con él. Este comportamiento va creciendo y nos
preocupa que se convierta en un problema mayor. La conducta agresiva,
en la mayoría de los casos, se aprende. Pero si nuestro hijo ha
aprendido a ser agresivo también podemos enseñarle a dejar de serlo.
El comportamiento agresivo se aprende en muchas ocasiones por modelado.
Nosotros intentamos evitar un comportamiento no deseado en nuestro
hijo, pero indirectamente, con nuestros gritos, le demostramos todo lo
contrario. Y un comportamiento agresivo frecuente puede acarrear
consecuencias negativas a nuestro hijo, como ser excluido por sus
amigos, baja autoestima, fracaso escolar, dificultades afectivas, etc.
No nos alarmemos, el comportamiento agresivo se puede modificar. Podemos elaborar un plan de acción para cambiar la conducta de nuestro hijo.
Debemos definir la conducta que queremos cambiar y anotar cuándo y con
quién se muestra agresivo. El paso siguiente es marcarnos una meta a
conseguir, por ejemplo, que nuestro hijo deje de pegar a su hermano.
También pensaremos cuál es la conducta alternativa que queremos
potenciar.
Para dar forma a nuestro plan, debemos pensar en las estrategias para conseguir nuestro objetivo.
Existen métodos para reforzar positivamente una conducta (premios,
sistema de fichas y contratos) y métodos para extinguir la conducta
inadecuada (no prestar atención, tiempo fuera y reprimenda verbal).
Una vez decidida la estrategia a seguir, pondremos en marcha nuestro plan. Transcurrido el tiempo necesario, evaluaremos si la conducta de nuestro hijo ha cambiado y, a su vez, se comporta como pensamos que es correcto.
Un plan de acción no es instantáneo.
Modificar la conducta de nuestro hijo no es fácil. Pero con tiempo, una
buena estrategia y el acuerdo entre padre y madre, podemos lograrlo.